Seguidores

lunes, 5 de marzo de 2007

La aventura cubana de Thomas Merton (IV).


EL Santuario del Cobre y la Virgen de la Caridad:

En su ómnibus Merton se dirige a Oriente, la última provincia cubana en aquel entonces, para atravesar la Sierra Maestra y vislumbrar desde lejos “la basílica amarilla de Nuestra Señora del Cobre, de pie en una prominencia, sobre los tejados metálicos del pueblo minero”. En su autobiografía nos cuenta Merton que, luego de estar unos días en Santiago, la semana siguiente fue a visitar el santuario:

“Subí por la senda que contorneaba el montículo en que se asienta la basílica. Entrando por la puerta quedé sorprendido de que el suelo fuera tan reluciente y la casa tan limpia… Estaba en el fondo de la Iglesia, junto al ábside, en una especie de oratorio detrás del altar mayor, y allí, encarándose conmigo, en una pequeña capilla, estaba la Caridad, la virgencita alegre y negra, cubierta con una corona y vestida con magníficos ropajes, que es la Reina de Cuba”

Allí, en el santuario, Merton se arrodilló, oró e hizo su promesa a la Virgen en relación con su sacerdocio, tal vez similar a las mismas palabras que aparecen un poco antes en su autobiografía, en el momento en que, desde el ómnibus divisaba el santuario:

“¡Ahí estás, Caridad del Cobre! Es a tí a quien he venido a ver; tú pedirás a Cristo que me haga su sacerdote y yo te daré mi corazón, Señora; si quieres alcanzarme este sacerdocio, yo te recordaré en mi primera misa de tal modo que la misa será para tí y ofrecida a través de tus manos, en gratitud a la Santísima Trinidad, que se ha servido de tu amor para ganarme esta gran gracia”.

Luego Merton intentó estar un rato en silencio y soledad haciendo su oración, pero la insistencia de una buena señora que intentaba venderle unas medallas le hizo salir pronto del lugar, sin tener ocasión de decir todo lo que quería a la Virgen, ni conocer mucho sobre ella. De hecho, nunca supo el día en que celebrábamos su fiesta. Cuenta que luego allí, en el poblado minero, compró una botella de gaseosa y se detuvo bajo el techo metálico de la tienda del pueblo para refugiarse con toda seguridad del sol y el calor del lugar, mientras en alguna casa cercana un armonio tocaba el Kyrie Eleison.

Para cerrar esta parte, citamos a Cintio Vitier, que escribió en su artículo de la revista “Contracorriente”: “Así como en Matanzas tuvo el signo incipiente de la predicación y en Camaguey del retiramiento, en Santiago recibió el bautismo de la poesía, siempre en esa cuerda cariñosa que Cuba guardaba para él. Pero fue de regreso a la Habana cuando conoció la más intensa revelación… “. (Pág. 58).

Un año Después: El 14 de mayo de 1941, un año después de su visita a Cuba, y pocos meses antes de su entrada al monasterio Merton hace memoria de su viaje, intentando responderse a la pregunta “¿Dónde estaba yo por estas fechas el año pasado?”, y escribe:

“O bien en la Habana, Cuba, o recién salido de la Habana. Tal vez tomase el barco el día 15. De encontrarme en la Habana, me hospedaba en el Hotel Andino. Fue una tarde tan brumosa e indefinida como ésta cuando me entretuve con Manolo, el jefe de los camareros de una de aquellas terrazas de la Plaza -¡Ah, sí! ¡”Club Pensilvania” era su nombre! – Y saboreé un helado. Pero, el día anterior a mi partida, me llegué a Río Cristal y disfruté de una comida fabulosa que superó con creces mis deseos de comer
El año pasado: flores, pájaros, cascadas de agua, arroz con pollo, una sopa especial, frijoles (en castellano en el original), gente tocando la guitarra, una terraza. De vuelta a la Habana y en sus numerosas plazas a través de las calles que desembocan en ellas. Destino preferido, las Iglesias del Santo Cristo y San Francisco. Lo único realmente bueno de mi estancia en la Habana era la visita de cada mañana al templo y la comunión, el desayuno consecutivo a base de un gran vaso de zumo de naranja, y la lectura, en el Diario de la Marina, de la noticia de la expulsión de los ingleses de Noruega.”

También, leyendo algunas páginas de los diarios, nos enteramos de su visita a una exposición universal en el año 1939, donde “iría al Pueblo Cubano” (supongo que un pabellón dedicado a Cuba). Menciona más adelante, en la entrada del día 26 de julio de 1941, una novela que está escribiendo, "The Man in the Sycamore”, y dice “Ayer por la noche volví a leer la parte cubana y me gustó”, lo cual me hace suponer que una parte de la trama transcurría en Cuba. En una de sus sitios de retiro, en 1953, la ermita de Santa Ana, tiene entre otras cosas a Nuestra Señora del Cobre. (pag.161, Diarios I). Y finalmente el 17 de julio de 1956 escribe una oración a la Virgen del Carmen, realmente hermosa, y dice. “¿No fuiste tú tal vez lo último que vi cuando el buque zarpó, a tí, de pie sobre tu torre de espaldas al mar, mirando hacia la universidad?” (Pág. 164, Diario I).

No hay comentarios:

Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.