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martes, 2 de octubre de 2007

La verdadera pobreza.


Hola Manuel, hoy quiero compartir con los "Amigos de Thomas Merton" otro fragmento del libro que estoy leyendo sobre la pobreza:

"La verdadera pobreza evangélica es una pobreza interior, donde únicamente cuenta la actitud del corazón. Esto se pone de manifiesto en el caso de los ricos (materialmente hablando) en el Evangelio, que tienen un corazón pobre.
Están en primer lugar las mujeres que seguían a Jesús y lo asistían lo mismo que a los apóstoles, con sus bienes (Lc 8, 3). Están Nicodemo y José de Arimatea, que enterraron a Cristo. Está también el rico Zaqueo, que responde magníficamente al Señor: "Daré la mitas de mis bienes a los pobres y, si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruple" (Lc 19, 8). Su corazón era libre o supo liberarse.
Además se puede ser rico, no solamente de dinero y posesiones materiales, sino más aún de bienes intelectuales, estéticos e incluso espirituales. Se puede ser rico de sus méritos, de sus renuncias, de su perseverancia. Nada cierra, con más seguridad, a la gracia de Cristo que esto. En la parábola evangélica (Lc 18, 9-14), dirigiéndose a algunos que estaban convencidos de ser justos y despreciaban a todos los demás, el fariseo, materialmente más pobre, se muestra rico en su complacencia en sí mismo y en su desprecio de los demás, mientras que el publicano, con toda seguridad materialmente más rico, tiene un corazón pobre:

"El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: '¡Oh Dios!, te
doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces,
injustos, adúlteros, ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces
por semana y doy el diezmo de todas mis ganancias' "
(Lc18, 11-12)

Odioso. ¿verdad? Pero ¡cuidado!, que cada uno se examine en este punto… El monje "modelo" que se cree mejor que los demás…

"En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía a
alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: '¡Oh
Dios!, ten compasión de mí, que soy pecador'. Os digo que éste bajó
a su casa justificado y aquel no, porque todo el que se ensalce será
humillado, pero el que se humille será ensalzado"
(Lc 18, 13-14)

Nosotros nos identificamos, naturalmente, con el "buen" publicano. Pero ¿esto es verdad? A veces tenemos dificultad con la fórmula de la Oración de Jesús (calcada, en parte, de la oración del publicano): "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador". No nos sentimos pecadores hasta ese punto…

En el silencio de la oración, en el fondo de nuestro corazón todos nos sentimos pobres, precisamente ante el Amor que nos ama con pura gratuidad."


CARIDAD.

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Ser parte de todo...

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros Tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a Ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu. Llénanos, pues, de amor y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor vence siempre. El amor es victorioso. AMÉN.
-Thomas Merton-

Santidad es descubrir quién soy...

“Es cierto decir que para mí la santidad consiste en ser yo mismo y para ti la santidad consiste en ser tú mismo y que, en último término, tu santidad nunca será la mía, y la mía nunca será la tuya, salvo en el comunismo de la caridad y la gracia. Para mí ser santo significa ser yo mismo. Por lo tanto el problema de la santidad y la salvación es en realidad el problema de descubrir quién soy yo y de encontrar mi yo verdadero… Dios nos deja en libertad de ser lo que nos parezca. Podemos ser nosotros mismos o no, según nos plazca. Pero el problema es este: puesto que Dios solo posee el secreto de mi identidad, únicamente él puede hacerme quien soy o, mejor, únicamente Él puede hacerme quien yo querré ser cuando por fin empiece plenamente a ser. Las semillas plantadas en mi libertad en cada momento, por la voluntad de Dios son las semillas de mi propia identidad, mi propia realidad, mi propia felicidad, mi propia santidad” (Semillas de contemplación).

LA DANZA GENERAL.

"Lo que es serio para los hombres a menudo no tiene importancia a los ojos de Dios.Lo que en Dios puede parecernos un juego es quizás lo que El toma más seriamente.Dios juega en el jardin de la creación, y, si dejamos de lado nuestras obsesionessobre lo que consideramos el significado de todo, podemos escuchar el llamado de Diosy seguirlo en su misteriosa Danza Cósmica.No tenemos que ir muy lejos para escuchar los ecos de esa danza.Cuando estamos solos en una noche estrellada; cuando por casualidad vemos a los pajaros que en otoño bajan sobre un bosque de nísperos para descansar y comer; cuando vemos a los niños en el momento en que son realmente niños; cuando conocemos al amor en nuestros corazones; o cuando, como el poeta japonés Basho, oímos a una vieja ranachapotear en una solitaria laguna; en esas ocasiones, el despertar, la inversiónde todos los valores, la "novedad", el vacío y la pureza de visión que los hace tan evidentes nos dan un eco de la danza cosmica.Porque el mundo y el tiempo son la danza del Señor en el vacío. El silencio de las esferas es la música de un festín de bodas. Mientras más insistimos en entender mal los fenómenos de la vida, más nos envolvemos en tristeza, absurdo y desesperación. Pero eso no importa, porque ninguna desesperación nuestra puede alterar la realidad de las cosas, o manchar la alegría de la danza cósmica que está siempre allí. Es más, estamos en medio de ella, y ella está en medio de nosotros, latiendo en nuestra propia sangre, lo queramos o no".
Thomas Merton.

ORACIÓN DE CONFIANZA...

“Señor Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy. No conozco el camino que hay ante mí. No tengo seguridad de dónde termina. No me conozco realmente, y el hecho de que piense que cumplo tu voluntad, no significa que realmente lo haga. Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente. Y espero tener este deseo en todo lo que estoy haciendo. Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo. Y sé que si hago esto, tú me llevarás por el camino recto, aunque yo no lo conozca. Por lo tanto, siempre confiaré en ti aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte. No temeré, pues tú estás siempre conmigo y no me dejarás que haga frente solo a mis peligros

Para intercambiar comentarios sobre Thomas Merton y otros maestros contemporaneos del espíritu.